
Primeros Auxilios Psicológicos en situaciones críticas
¿Te has encontrado en situaciones críticas y no sabías cómo actuar?
¿Has estado cerca de personas que acababan de recibir una mala noticia y no sabías qué hacer?
¿Tuviste que brindar una noticia impactante y no sabías cómo hacerlo?
¿Eres consciente de que frente a un hecho crítico no siempre puedes contar con el apoyo inmediato de un psicólogo y es importante estar preparado para apoyar a los/as afectados/as?
Si la respuesta es afirmativa, al menos a una de las preguntas realizadas, entonces es muy importante que conozcas y te prepares para brindar los primeros auxilios psicológicos en momentos críticos.
Iniciaremos señalando que se denominan primeros auxilios psicológicos a aquellas atenciones que reciben las personas afectadas por una situación crítica en un contexto habitual como puede ser un hospital, comisaría, centro de estudios, hogar u otros o en un contexto de emergencia masiva como en aeropuertos, estadios, plazas de armas, entre otros.
Los primeros auxilios psicológicos se administran durante los tres primeros días de producirse el incidente crítico; no obstante, mientras más rápido sean brindados, existe mayor posibilidad de obtener resultados favorables, permitiendo disminuir el estrés inicial propio del impacto del evento traumático, fomentando la adaptación y potenciando las estrategias de afrontamiento de la persona afectada.
Su aplicación tiene lugar en niños, adolescentes y adultos, pudiendo ser impartido por cualquier persona que posea un entrenamiento básico que permita la contención, hasta la derivación correspondiente, de ser el caso, al profesional psicólogo u otros profesionales que se requieran.
Los principios básicos que rigen la actividad de prestación de los primeros auxilios psicológicos se detallan a continuación:
-
Actuar modelando las respuestas saludables que denoten calma, organización, respeto, amabilidad y comprensión.
-
Ubicarse en un lugar visible, atento a prestar apoyo; pero evitando las conductas invasivas.
-
Solicitar apoyo si la situación excede de tus competencias desarrolladas durante el entrenamiento o si existen signos críticos que lo requieran.
-
Ser respetuoso a las indicaciones del coordinador, si la intervención tiene lugar con otros voluntarios o profesionales.
-
Asegurar la confidencialidad de la información, dentro de los parámetros establecidos, preservando la vida y seguridad de la persona intervenida.
-
Trabajar en la gestión de las propias emociones y cuidado físico personal, con la finalidad de encontrarse preparado para brindar el soporte necesario.
En seguida detallaremos algunas consideraciones básicas y generales, de acuerdo con las características evolutivas de la edad de la persona que recibe el apoyo; sin embargo, hay que asegurarse de que éstas se adapten al caso específico:
1. En los/as niños/as la técnica de primeros auxilios psicológicos debe contar con los siguientes principios:
-
Contención emocional, que hasta los 3 años se ve reflejado en conductas de apego físico que generen cercanía como cogerle las manos, brindándole un espacio para el llanto o grito controlado. De 3 a 6 años, son útiles las muestras de afecto frecuentes, asegurando su comodidad y descanso. Entre los 6 a 9 años, se debe procurar que las emociones no se desborden, consiguiendo un equilibrio entre la descarga emocional y el control racional. Recoger sus miedos y fantasías, reconduciéndolos desde el nivel cognitivo. Asimismo, para los/as niños/as de 9 a 12 años puede ser útil que, adicionalmente al control racional, se le brinde un espacio vigilado que le permita permanecer solo, si así lo requiere.
-
Buscar calmarlo/a. Para ello su aplicación en niños/as hasta los 3 años implica muestras de comprensión, cariño y apoyo, facilitando la liberación de su energía y tensión emocional. Si se trata de un/a niño/a mayor de 2 años, resulta de mucha ayuda poner nombre a sus emociones. De 3 a 6 años responden adecuadamente a la comunicación con un tono de voz suave y bajo, así como al desarrollo de actividades relajantes, permitiéndoles distraerse con elementos de su mundo imaginario. Para los/as niños/as de 6 a 12 años resulta importante ofrecer razones que les permitan tranquilizarse, recordar situaciones previas de éxito en cuanto al control de emociones como el miedo y permitirles distraerse con amigos o mediante una actividad de juego. Es muy importante evitar comentarios que pueden ser irreales, como que si se calma todo va a mejorar.
-
Informar de la ocurrencia. Para los/as niños/as hasta los 3 años es necesario presentar una explicación en un lenguaje adaptado, empleando frases cortas y sobre todo explicándole que no se encuentra solo/a y lo que vendrá a continuación. Es importante manifestar nuestro conocimiento y comprensión emocional de su tristeza o miedo y no emplear mentiras para sobrellevar el momento. Los/as niños/as de 3 a 6 años suelen hacer preguntas, para lo cual se debe responder de forma simple y honesta y si hay un tema para abordar posteriormente, señalarlo con claridad. Asimismo, sirve de ayuda explicarle las diferencias entre los sueños o imaginación y los miedos, frente a los sucesos de la vida real. De 6 a 12 años es importante responder a todas sus preguntas en un sentido concreto, sin brindar más información de la solicitada. Debemos averiguar la información que posee, a efectos de clarificar aquello que sea necesario. De ser el caso que desee mantener la distancia y no recibir información, es importante respetar dicha decisión y esperar al día siguiente para abordar el tema. De tratarse de un evento que ha implicado el fallecimiento de alguien, abordarlo de forma sencilla y directa, recordando que, de abundar en detalles o mostrar evasión, es posible que se revele y transmita nuestra propia tensión o la impresión de que no somos una fuente confiable.
-
Normalizar la situación, propiciando la adaptación. Para los/as niños/as hasta los 3 años es conveniente establecer una rutina para ir a dormir, adaptada a la nueva situación, así como realizar las comidas en un ambiente relajado y, de ser el caso que no desee comer, evitar obligarlo. Asimismo, se deben establecer límites razonables para las rabietas o cambios de conducta. Los/as niños/as de 3 a 6 años pueden nominar a sus emociones y ello genera una sensación de control y permite enfocarse adecuadamente. Se deben controlar apropiadamente las conductas agresivas que pueden aparecer y los retrocesos evolutivos a momentos ya superados del pasado, como miccionar en la cama, chuparse el dedo u otros. A los/as niños/as de 6 a 9 años les sienta bien ayudarlos a expresar sus emociones, colocando nombres a sus sensaciones, instarles a expresarse sin forzarlos y si reacciona con irritabilidad demostrar nuestra comprensión emocional de su molestia, indicándole que progresivamente procurará no estarlo tanto. Para los/as niños/as de 9 a 12 años, es importante tener en cuenta que, posiblemente, no deseen conversar y prefieran estar con sus amigos, por lo que debemos evitar presionarlo. Conviene también explicarle que existen diversas formas de estar triste y de expresar el dolor sin lágrimas, siendo una de ellas el mal humor. Asimismo, es importante manifestarle que no es necesario o una muestra de más afecto permanecer triste todo el tiempo por la muerte de un familiar, existiendo otras formas de expresión del recuerdo y cariño.
-
Transmitir consuelo. Para los/as niños/as hasta la edad de 3 años se debe procurar realizar actividades positivas en conjunto, ayudarle a expresar sus emociones mediante el juego, atenderlo activamente y permitirle tomar el control de pequeñas cosas. De 3 a 6 años es conveniente ayudarle a entender la ocurrencia, sin obligarlo a expresarse, permitir que participe en rituales de duelo, mantener las rutinas familiares y favorecer la realización de tareas productivas. Para los/as niños/as de 6 a 12 años, es propicio incentivar la expresión del contexto de la ocurrencia a través del dibujo y/o juego, permitirle volver a la escuela, realizar sus actividades cotidianas y explorar sus preferencias sobre las actividades que le ayudan a encontrarse de mejor ánimo, a fin de que las realice. Asimismo, fomentar sus actividades sociales puede ser de mucha ayuda, principalmente con grupos coetáneos.
2. Para el grupo de adolescentes el abordaje de primeros auxilios psicológicos debe contar con los siguientes principios:
-
Establecer un trato similar al de un adulto, considerando la relevancia que tiene el respeto de su identidad y autonomía.
-
Generar una alianza de mutua cooperación que favorezca la activación de sus recursos personales y su contribución con la gestión del incidente.
-
Cuando se trate de informar sobre la ocurrencia, evitar la sobreinformación respecto al suceso, el adoctrinamiento sobre lo que debe hacer o mostrarse como un modelo a seguir.
-
Mostrar disponibilidad para conversar, compartir, sostener o apoyar, sin agobiar ni invadir. Siempre preguntar si es buen momento para conversar, en lugar de abordarlo directamente.
-
Respetar los espacios de aislamiento y contacto en su grupo de coetáneos, recordando que en esta etapa de vida los grupos de pares constituyen la fuente de una variedad de emociones, modelos de referencia, compañía, seguridad, entre otros.
-
Normalizar sus actitudes y emociones, siendo que a menudo presenta irritabilidad; sin que ello incluya el consentimiento de expresiones agresivas.
-
Dotarlos de herramientas emocionales y físicas necesarias, como aprender a identificar sus emociones, descargarlas y gestionarles, consiguiendo así potenciar sus estrategias de afrontamiento.
3. La aplicación de las técnicas de primeros auxilios psicológicos en adultos implica un trabajo de apoyo sostenido en su madurez emocional y estrategias de afrontamiento obtenidas en el transcurso de sus experiencias vividas. Es importante que la persona identifique y gestione sus emociones, dentro de un espacio controlado que lo permita. Inicialmente, en la etapa de estrés agudo, las emociones desagradables como la tristeza, fastidio, culpa y miedo pueden estar presentes a un nivel muy elevado y, progresivamente, se irán reduciendo. Las fuentes de soporte familiar y social constituyen mecanismos muy importantes que permiten superar la situación. Asimismo, mantener las rutinas cotidianas e involucrarse en actividades suele ser muy conveniente.
Finalmente, presentamos una serie de pasos genéricos frente a una situación de crisis, los cuales deben adaptarse a la situación y particularidades de la edad y de la persona, conforme se ha revisado en los párrafos anteriores:
1. Establecer el contacto inicial a través de una breve presentación, explicando el motivo de nuestra intervención para apoyar en la gestión de los primeros momentos de ocurrida la situación crítica, que es una etapa complicada. Asimismo, solicitar su nombre y generar un clima de confianza.
2. Brindar seguridad y alivio oportuno, sea a través de palabras o de contacto físico. Si se trata de un familiar o persona de confianza, mientras indicamos los puntos de apoyo para garantizar su seguridad física y que se atiendan sus necesidades básicas, se puede colocar la mano en el hombre, brindar un abrazo u otros. Si se trata de varias personas en situación de crisis, evaluar la posibilidad de agruparlos.
3. Estabilización emocional en caso la persona lo requiera y ello se consigue a través de actividades simples como una pequeña caminata, proveyendo de un vaso con agua o algún producto que necesite. La finalidad es conseguir la calma y así conversar de modo más pausado.
4. Recopilar información sobre sus necesidades y preocupaciones inmediatas, como por ejemplo ubicar a un familiar, un lugar donde pernoctar u otros.
5. Asistencia práctica, dirigida a la solución de las dificultades inmediatas. En emergencias masivas las dificultades por resolver pueden constituirse en la comunicación con familiares, encontrar alimento u otros.
6. Cierre de la aplicación de primeros auxilios, contactándolos con soportes sociales como familiares, amistades o conocidos, además de brindar información adicional relacionado con salud pública, servicios policiales, sociales u otro que sea pertinente.
Asimismo, se requiere informar sobre el mecanismo de afrontamiento ante una situación crítica y brindar algunas herramientas prácticas para la gestión de los primeros días como pautas sobre la higiene del sueño, de alimentación, evolución previsible de los síntomas en los próximos días u otros.


