
Capacidad de adaptación en los entornos organizacionales
El desafío del proceso de adaptación se presenta como un reto constante para las personas y organizaciones, más aún en tiempos aceleradamente cambiantes como el nuestro, que implica dejar de pensar y actuar de la forma convencional como se viene haciendo, debiendo incrementar o potenciar nuestra capacidad adaptativa de respuesta.
Si bien, en un entorno tranquilo y equilibrado no se hace evidente ni necesario disponer de recursos adaptativos; sin embargo, dicho escenario provee la oportunidad de preparación progresiva y controlada para el cambio. Pequeños estados de desequilibrio contribuyen al desarrollo de competencias específicas inherentes a la capacidad de adaptación.
Cabe señalar que si bien, en un entorno dinámico la necesidad de cambio puede estar conscientemente identificada y comunicada; no obstante, las resistencias humanas son muy altas. Las personas exponen la necesidad válida de que se efectúen cambios; pero les resulta difícil y hasta disgustante asumir las responsabilidades propias que el proceso conlleva.
Frente a un desequilibrio del entorno, con su consecuente estado de tensión individual y grupal, usualmente las organizaciones suelen atribuir toda la responsabilidad a los cambios situacionales referidos a la regulación del estado, condiciones económicas, cambios políticos u otros externos. A su vez, cuando evalúan la posibilidad de enfrentar las dificultades, tienden a desarrollar únicamente un trabajo técnico referido al empleo de los know -how con los que cuenta o a la provisión de aprendizajes para conseguir un mayor dominio, dirigiéndose así a los síntomas del problema en lugar de sus causas, descuidando o evadiendo el trabajo adaptativo o limitándolo a un trabajo de comunicación interna que brinda un soporte conveniente; pero no aborda la razón de ser del problema.
El trabajo adaptativo, elemento crucial, retador y diferenciador de las organizaciones, permite su subsistencia y crecimiento haciéndola más competitiva a largo plazo y posibilitando el empleo del máximo potencial de su gente, aun cuando su impacto en el corto plazo sea menos evidente que la adquisición de un conocimiento técnico o de información. El trabajo adaptativo se encuentra más relacionado con el componente emocional que racional de las personas, siendo que diversos estudios demuestran que los seres humanos otorgamos un doble valor a la pérdida, con respecto a la ganancia de lo mismo e inclusive lo anticipamos más que a los beneficios, razón por la que constituye un gran desafío para abordar.
Cuando trabajamos para la adaptación de los colaboradores, somo conscientes de que la intervención tendrá lugar en toda la integridad de sus componentes personales asociados, tales como la iniciativa, creatividad, colaboración, entre otros, más allá de sus conocimientos técnicos, involucrando la construcción de alianzas, graduación del trabajo, reconocimiento de pérdidas, manejo de la ansiedad, entre otros. Involucra más tiempo, numerosas conversaciones, renegociaciones y experimentación, de allí la profundidad de su abordaje y la dificultad para el mismo.
La esencia de un problema radica en la brecha que existe entre nuestras expectativas y la realidad, conforme nuestra percepción, lo cual genera tensión y nos insta al cambio. El cambio adaptativo solo se genera cuando somos capaces de mantenernos en el estado de desequilibrio y sostener la tensión durante un periodo de tiempo en el que las pérdidas superan a los beneficios.
Ser sensibles a las señales que anticipan la afectación del equilibrio posibilita que la experimentación de tensión ocurra con más prontitud y con ello la reacción sea más rápida. Las personas y organizaciones que cuentan con un sistema de detección más desarrollado de las amenazas al equilibrio actual tienden a gestionar sus cambios adaptativos con mayor celeridad. Su limitación puede traer consigo la evasión. Las tareas que favorecen el incremento de la sensibilidad pueden constituirse en animar a los colaboradores a prestar atención, reflexionar sobre las ocurrencias dentro y fuera de la organización, disuadir el comportamiento defensivo, posibilitar la toma acertada de riesgos, exponer y aceptar los errores, entre otros.
Cabe señalar que es crucial el desarrollo de un ambiente contenedor de la tensión para la generación del trabajo adaptativo. Las tareas enfocadas a dicho fortalecimiento lo constituyen la graduación del trabajo adaptativo, infundir un sentido de cambio, mostrar los beneficios futuros, involucrar a las personas en las conversaciones y definiciones, reconocer las pérdidas, establecer alianzas, escuchar las inquietudes de los colaboradores, promover el sentido de pertenencia, entre otros.
Es importante considerar que el trabajo adaptativo implica mayor inversión de tiempo y es importante que los líderes devuelvan el trabajo a las personas, generando un sentido de responsabilidad y autonomía enmarcado dentro del objetivo común del equipo. Para ello deben plantear más preguntas y ofrecer menos respuestas, posibilitar el protagonismo de los colaboradores, proporcionar desafíos y desequilibrios, generar comités de evaluación y propuestas, aun bajo el riesgo de que a corto plazo pierdan credibilidad, dado que a mediano y largo plazo la organización contará con mayor capacidad adaptativa que favorecerá su progreso más sostenible.
El trabajo adaptativo en las organizaciones constituye un reto constante, principalmente para la dinámica de cambios acelerados de la época, siendo necesario identificar las amenazas reales o potenciales desde nuestro quehacer cotidiano y abordarlas dentro de un programa integral para toda la organización, en lugar de recurrir a estrategias evitativas o de abordajes prácticos y superficiales que no permiten la obtención de los resultados esperados y generan un riesgo creciente para la organización


