
Aceptación incondicional: Un modo de relación saludable
¿Tu aprecio personal depende de cuánta aceptación o éxito obtienes?
¿Sientes que aun cuando has alcanzado el éxito no disfrutas de la felicidad plena porque piensas que siempre debes demostrar lo suficientemente bueno que eres?
¿Continuamente te encuentras buscando agradar a los demás para demostrar que eres una persona digna de cariño?
¿Cuándo no consigues lo que esperas tiendes a caer en la desvalorización y a experimentar emociones negativas?
Si la respuesta es afirmativa, al menos a una de las preguntas realizadas, entonces es muy importante que revises esta información, en donde encontraras respuestas a muchas de tus preguntas formuladas y ampliarás tu perspectiva sobre la verdadera fuente de aceptación incondicional, como elemento clave de una relación saludable contigo mismo y con los demás.
En nuestro medio resulta popular y socialmente aceptado la relevancia que tiene la autoestima para el desarrollo personal. Desde el año 1890, en donde Williams James acuñó el término autoestima al “fenómeno afectivo que se experimenta como una sensación o emoción”, cada vez más, hombres y mujeres de todas las edades y todos los contextos refieren que deben contar con una autoestima elevada y que es fuente de su crecimiento personal.
Cabe señalar que el proceso de la autoestima se encuentra influenciado por las vivencias de éxito o fracaso que la persona experimenta, razón por la que existe una intensa presión personal y social por conseguir un desempeño exitoso, así como la aceptación y aprobación de los demás, siendo que es fuente de valía, aceptación y aprecio personal.
Si bien, existe una tendencia innata de la humanidad por evaluar y juzgarse a sí mismo y a todo cuanto le rodea, en el proceso de la autoestima ocurren muchas generalizaciones, siendo que a partir de una conducta se suele etiquetar a toda la persona, aun cuando ésta pueda contener, entre otros, innumerables conductas pasadas, presentes y las que serán evidentes en el fututo, contando siempre con la posibilidad de modificar su desempeño o actuación.
En esta línea, cuando una persona no alcanza su objetivo propuesto como obtener la más alta calificación, contar con un título, un reconocimiento, la aprobación de personas especiales, el amor de una pareja, tener muchos amigos, ser bien apreciado por quienes le rodean u otros, suele valorarse como “inadecuado”, “malo”, “inferior” o recurrir a otras descalificaciones, con la consiguiente experimentación de emociones negativas no saludables como ira, depresión, angustia, culpa, entre otros.
Por otra parte, de conseguir el objetivo o meta propuesta, tiende a valorarse inmediatamente como “bueno”, “superior” o adecuado”; no obstante, la duración de la emoción agradable como la alegría o satisfacción suele permanecer muy poco tiempo debido a que surge la inseguridad por mantener dichos logros y demostrar su valor como persona y con ello nuevamente la angustia y la tensión cobran especial protagonismo.
Es importante mencionar que el sobredimensionamiento de los logros personales o de la aprobación u aceptación de personas queridas, como medio probatorio del valor y aprecio personal es una percepción errónea que trae consigo consecuencias inadecuadas, como el incremento de la timidez para enfrentar nuevos retos, desconfianza, perfeccionismo, temor al rechazo, celos, dificultad para la solución de problemas, intolerancia, bloqueo para el cambio personal y social, emociones negativas no saludables, patologías en la salud mental, entre otros.
A efectos de evidenciar la imposibilidad de una evaluación humana global, resulta indispensable considerar lo siguiente:
- Existe una dinámica personal cambiante en el tiempo, por lo cual resulta imposible establecer una etiqueta absoluta.
- No existe una escala absoluta para juzgar cada acción, pensamiento o emoción que presente una persona.
- No existen pesos y medidas especiales para evaluar cada elemento integrante del ser humano.
- No habría un momento oportuno para valorar enteramente a la persona, ya que seguirá evolucionando.
- Resulta imposible descubrir todas las características humanas en el momento de la evaluación.
- Todas las cualidades humanas son peculiares en cada persona; por tanto, no existen formas de valoración fidedignas.
Albert Ellis, Psicoterapeuta fundador de la Terapia Racional Emotivo Conductual, parte del fundamento filosófico que el ser humano tiene un valor intrínseco por el solo hecho de ser persona y afirma que sus acciones no aumentan o disminuyen su valor como individuo, separando así el valor personal de la conducta.
Señala también que corresponde adjudicar un valor personal por el propio hecho de existir, independiente de las conductas que realice, considerando que la complejidad del ser humano es mayor a la suma de éstas, las cuales pueden tener una evaluación independiente.
En dicho sentido, es indispensable reconocer que la valía personal no depende de los éxitos o fracasos, ni tampoco del cariño o aprobación de los demás o ausencia de ellos. Por tanto, en lugar de buscar incrementar la autoestima personal a través de la consecución de metas y objetivos de vida, es recomendable trabajar en la aceptación incondicional, tanto a nivel personal como para los demás, de ese modo experimentaremos emociones saludables y alcanzaremos una vida razonablemente feliz.


